15 años de la riada que asoló a Santa Cruz

Juan Manuel nos indica la casa donde vivía su hermando Diego. Foto: Santa Cruz Diario
Juan Manuel nos indica la casa donde vivía su hermando Diego. Foto: Santa Cruz Diario.

Al cumplirse los 15 años de la tragedia que provocó una “gota fría” que descargó 232,6 l/m² en 24 horas y 129,9 l/m² en una hora, y dejó 8 personas fallecidas, 12 desaparecidos, más de 70.000 personas sin electricidad en sus domicilios y unos 90 millones de destrozos en hogares y calles, hemos visitado el Barrio de La Alegría y nos encontramos con Juan Manuel Santana Lorenzo, hermano de una de las víctimas mortales, Diego Santana Lorenzo.

Para Juan Manuel aquél Domingo de Resurrección fue un día”amargo porque cayo una tromba de agua en nuestro barrio por toda la ladera y carreteras que la gente no sabía por donde correr.” Recuerda que había familiares y vecinos que cada uno corría para un lado, achicando agua, subiendo a las azoteas y entonces su hermano Diego “empezó a ayudar a la gente y saco a unas personas a la carretera que estaban entulladas de agua en su casa y a un señor que era minusvalido también lo sacaron para afuera ya que la casa la tenía llena de agua”.

Estado en el que quedaron las casas de la montaña por donde bajo la riada. Foto: Santa cruz Diario
Estado en el que quedaron las casas de la montaña por donde bajo la riada. Foto: Santa Cruz Diario.

Y después de ayudar a los vecinos vio que su casa también estaba llena de agua, por lo menos con un metro y pico de altura según se veía por la puerta de cristal y dijo que “se iba desvestir arriba, a ponerse ropa seca, aunque los amigos y vecinos que estaban con él le dijeron que no entrara que había mucha agua y se podía romper la puerta, él entro y mientras subía se produjo un derrumbe por detrás de la casa de él derribando, el agua que bajaba, la pared de su casa con una fuerza increíble y a él lo cogió en la escalera, lo sacó por la puerta atravesando la calle y cayendo por la ladera hasta lo que conocemos como la base naval.” La cantidad de piedras, arbustos y lodo que arrastró el agua caída, hicieron imposible su inmediata localización tardando cuatro días en dar con su cuerpo a pesar de todos los medios, tanto mecánicos con palas que retiraban todo el lodo sin parar, como humanos de parte de todos los vecinos del barrio, bomberos y el ejercito.

Recuerda como el lugar en el que creían pudiera estar su cuerpo era el muro de la central eléctrica, Unelco, y no olvida cuando la pala que retiraba todo el barro y piedras acumulados, dejó al descubierto unos tenis y el cuñado de él le dijo, ” Mira Juan, mira los tenis aquellos y entonces me acerqué, escarbe y le recogí el piecito y ya empezaron a desenterrarlo.”

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