Estudian mejorar el acceso de las personas con movilidad reducida al Carnaval en la calle

Ana Mengíbar, presidenta de la Asociación Queremos Movernos, critica la infinidad de barreras arquitectónicas que aún existen en Santa Cruz

Ana Mengíbar es la presidenta de la Asociación Queremos Movernos. Con 300 socios (los hay con y sin discapacidad), la asociación se formó en el año 2011, tras un periodo de tres años como plataforma ciudadana. Su objetivo, conseguir “la plena inclusión de las personas con discapacidad en todos los órdenes de la sociedad”. En esa línea, trabajan con la concejalía de Fiestas del Ayuntamiento para mejorar el acceso y disfrute del Carnaval por parte de las personas con discapacidad.

“Ahora mismo estamos con la concejala, Gladis de León, para intentar que todos los discapacitados que deseen vivir el Carnaval en la calle se encuentren sin barreras para hacerlo, sea el evento que sea. ¡Esto si es colaboración con los discapacitados!”, exclama durante la entrevista con este medio en una terraza de Santa Cruz.

Mengíbar explica que, precisamente, esa es una de las líneas de actuación de la fundación: la colaboración con empresas, personas organismos públicos y profesionales. Las otras dos vías de trabajo son la sensibilización y la reclamación. “Para la sensibilización siempre intentamos optar por campañas que calen en la sociedad. Tenemos la marcha anual por los derechos de las personas con discapacidad; una exposición 2015 itinerante sobre barreras arquitectónicas y, antes de final de año, abriremos otra exposición, Barreras de la Insolidaridad. Además, el 3 de diciembre, Día Internacional de las Personas con Discapacidad lo celebramos con la primera Fiesta de la Igualdad junto con muchas asociaciones infantiles.

En cuanto a la línea de acción de la reclamación, Mengíbar aclara que la ejercitan “siempre que entendemos que no se cumplen los derechos de las personas discapacitadas. Y, por desgracia, esto sucede en demasiadas ocasiones; apoyamos todas las reclamaciones justas, las ponga quien las ponga. Transportes y cultura son las que más reclamaciones generan, aunque con Titsa la colaboración ha mejorado mucho, pero con cultura excluyen a los niños con discapacidad; solo los admiten si el proyecto educativo es compatible”.

Barreras arquitectónicas en Santa Cruz

Cuando se trata de hablar de barreras arquitectónicas de Santa Cruz, el listado de Ana Mengíbar es interminable.”Son tantas -detalla-, desde terrazas de bares que ocupan todo el lugar a pizarras con los menús, expositores, mesitas de servicio, maceteros, motos y coches aparcados sobre las aceras… Santa Cruz sigue siendo una barrera con mayúsculas, y empeorando cada día que pasa. Es impresionante ver como los espacios públicos pasan a ser de uso privativo de algunos”.

Plantea soluciones sencillas para unos problemas que dificultan, y mucho, el día a día de las personas con discapacidad de la ciudad. “Los entornos deben ser accesibles. Las terrazas deben estar perfectamente delimitadas, con material rígido que proteja tanto a los que están sentados, como a los que pasean por la ciudad. Las aceras son para los peatones… y las medidas de accesibilidad, para señalizar las obras en la vía pública, están contemplada en un pliego que se perdió por los pasillos”, critica. “Vivimos en Santa Cruz y… ¡Se necesita ser Santo para aguantar tanta Cruz!”, apunta con parte de humor y resignación.

El camino a la oscuridad

Ana Mengibar, presidenta de Queremos Movernos.
Ana Mengibar, presidenta de Queremos Movernos. Foto: Santa Cruz Diario.

La vida de Ana Mengíbar muestra a una mujer luchadora, con episodios de gran dureza. Está casada, con dos hijos y un nieto. Una familia de lo más normal pero con una particularidad muy especial: sus dos hijos son ciegos.

El nacimiento del primero fue todo normal hasta que cumplió 9 años y, desde el colegio, les dijeron que el niño no veía bien y, como lo haría cualquier padre, pidieron cita con un oftalmólogo. Ahí empezó su calvario y el camino de su hijo a la oscuridad. Días, meses y años buscando algo que parara ese camino y al final, después de nueve años luchando, su hijo se quedó totalmente ciego por una retinosis pigmentaria, nombre que nunca iban a olvidar.

A los nueve años de nacer el primero, dio a luz un segundo hijo y con preocupación normal, le seguían todos sus pasos y movimientos buscando cualquier indicio que les indicara si era también portador de la indeseable enfermedad. Todo iba bien hasta que, cumplió justamente los nueves años y la vista le empezó a fallar. Nuevo calvario para Ana, su esposo y su hijo mayor, con un final que ya los médicos les habían adelantado: el camino a la oscuridad, como le ocurrió antes a su hermano, se produjo cuando aún no había cumplido los 17 años.

Ana, que luchó hasta la extenuación. Quiso, tras quedarse ciegos, que su vida fuera lo más fácil posible y primero, con la creación de la plataforma y después con la Asociación Queremos Movernos, lucha con muchos discapacitados guerreros como Toño Cabrera y Lala Lima, menciona, para que los derechos de las personas discapacitadas se reconozcan y se cumplan en las ofertas de ocio, deporte adaptado, cultura y atención social.

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