El amigo del ingeniero

Bernanrdo MartínPor Bernardo Martín

Exsubjefe provincial de Tráfico de Santa Cruz de Tenerife

En 1968 estaba trabajando. Era un trabajo temporal  por lo que decidí preparar unas oposiciones. Mi madre me había dicho muchas veces: “saca una plaza y tendrás todo resuelto”, por lo que me busqué un preparador idóneo y me presenté a las primeras que se convocaron sacando plaza y, como era del interior, pedí estas provincias: Santa Cruz de Tenerife, Cádiz, Santander…, y ¡me dieron la primera!

Por mayo de 1970 “aterricé” en el aeropuerto de Los Rodeos y, cuando atravesaba la capital noté un desagradable olor que alguien me indicó que “es la refinería”, hasta que llegamos a los que sería mi residencia y mi lugar de trabajo ya que me hospedaba en la planta séptima y trabajaba en la primera. Desde mi ventana se veía el puerto y sus barcos y era un placer tener ante mí la entrada y salida de barcos, las tareas de los estibadores, los camiones abarrotados de plátanos, las carretillas, los coches…Tenía una playita enfrente de la salida del edificio y un restaurante en la Escuela de Náutica, aprovechando ambas cosas todo lo que pude.

La guía de la ciudad que compré me facilitó mucho las vivencias posteriores estando, desde el principio muy compenetrado con la batalla en la que Nelson perdió un brazo, ya que el cañón “Tigre” descansaba a mis pies, entre la Escuela de Náutica y la residencia de Paso Alto. Y un recorrido, muy frecuentado por mi me llevaba hasta la Plaza de España pasando por la confluencia con La Rambla donde se imponía una figura, casi voladora, que me llamó mucho la atención. La guía me aclaró que representaba la imagen y, muchos años después me relataron que la idea de la estatua la tuvo un Gobernador Civil que, sin consultar con nadie, la erigió como un homenaje del pueblo chicharrero a la persona egregia que representaba. Como había censura me lo contaron en voz baja y al autor le costó el puesto.

Pero vine a trabajar y aún no he contado nada de mi trabajo y voy con ello: Me tocó ser “Jefe de Negociado” en Tráfico y, lo escribo así porque el jefe me dijo: “usted a conductores” y, de esa suerte fui jefe de los Ingenieros. Este sobrenombre procedía del hecho que los examinadores que comprobaban las pruebas para obtener el permiso de conducir provenían del Ministerio de Industria y nosotros, su continuadores, del de Gobernación pero, a pesar del cambio de ministerio, no nos cambiaron de nombre, seguimos siendo “ingenieros” pero ninguno de nosotros tenía ese título.

Pues bien. A poco de estar aquí salí a examinar y, lo recuerdo muy bien, el recorrido era desde la Náutica a San Andrés con la carretera muy estrecha, sinuosa, mal asfaltada y de doble dirección suponiendo una tortura para examinandos, examinadores, y gentes que circulaban por aquella vía ya que los vehículos, además, eran camiones grandes y guaguas.

En aquel entonces los aspirantes a sacar el permiso de conducir de la clase B no hacían circulación abierta, solo las pruebas clásicas: aceleración, aparcamiento, rampa y, por lo tanto, no era necesario grandes extensiones de terreno. Se había examinado en la plaza de toros, en la calle Madrid y, en ambos casos, se molestaba a la circulación ordinaria por lo que había que buscar nuevos emplazamientos. El lugar ideal elegido, después de muchas vueltas, fue Ofra. Tenía urbanizado el suelo, poca construcción y, la principal avenida tenía varios carriles con lo que se molestaba poco a la circulación normal, ya que no todas las personas examinadas hacían circulación abierta.

Una situación curiosa, merece comentario aparte: Pocas personas paseaban por la zona por lo que por las mañanas nos dedicábamos, sin incidencias, a realizar nuestra labor. Solo de vez en cuando un individuo se acercaba donde yo estaba y, después de saludarme y pedirme fuego para su pitillo, me daba unas palmaditas en la espalda y se volvía al lugar donde se situaba la gente. Todo muy normal pero, tiempo después, me informaron que el sujeto en cuestión, pedía dinero, una vez que se publicaban los resultados, a las personas que habían aprobado diciéndoles que era conocido mío como lo demostraba, con la confianza que se despedía de mí. El remedio fue dar cuenta a la Policía Local que se personó durante el desarrollo de las pruebas y el que me “palmeaba tan efusivamente” no volvió a aparecer.

¿Quién ha dicho que El Lazarillo actuaba solo en el siglo XVI y en tierras de Castilla?


* Las opiniones vertidas en los artículos de esta sección son sostenidas única y exclusivamente por los autores de los mismos, y no reflejan en ningún caso la opinión de Santa Cruz Diario.

Dejar un comentario

No publicaremos tu e-mail.