El pibe del semáforo

Por David Paniagua de Diego


Me toca el puesto más incómodo delante del “semáforo de la piscina”: la “pole position”, en una situación cotidiana: un necesitado haciendo lo que sea para conseguir algún euro. El “afortunado” esta vez es un pibe de mediana edad, pantalones de payaso, melena desordenada, carencia de algunas piezas dentales…Sacando clichés a relucir, un posible perroflauta votante morado.

Con tres aros rojos en la mano y sonriendo a su público eventual y efímero, comienza su espectáculo: lanza el primero, el segundo y mientras bajan, lanza el tercero. Bajo la cabeza para mirar el móvil y cuando vuelvo a subirla veo que el “showman” corre detrás de uno de los aros. Se le ha caído y se le ha ido a tomar por culo (literal porque casi llega al Heliodoro). Lo atrapa y vuelve corriendo al escenario, al paso de peatones. Hace una pausa, respira profundamente y repite las maniobras de lanzamiento. Busco la misma cara de sorpresa en algún compañero de volante pero no hay nadie parado a mi altura. Vuelvo a mirar el espectáculo y compruebo que el artista lo vuelve a hacer: se le cae de nuevo uno de los aros y con cara de mosqueado lo coge y lo intenta de nuevo. La tercera es la vencida…casi siempre. No hay manera. Así que antes de que el semáforo cambie el rojo por el verde, se va mascullando, jurando en arameo y con una cara mala leche digna de ver, sin pedir dinero, sin mirar a sus espectadores, ensimismado en su fracaso.

Arranco y salgo despacio mirando de forma incrédula cómo se desgañita. Unos días después, delante de otro semáforo, pienso en el pibe del semáforo: en su honestidad, no reñida con su necesidad; en su honradez con el estómago vacío; con estar en la calle, con la incertidumbre del día a día. Honestidad ejemplar que bien podrían haber visto muchos delincuentes de traje y corbata que van por la vida dando lecciones morales y que en el lugar de mi admirado artista, hubieran puesto la gorra y exigido su diezmo por cualquier cosa que pudieran ofrecer para engañarnos.


* Las opiniones vertidas en los artículos de esta sección son sostenidas única y exclusivamente por los autores de los mismos, y no reflejan en ningún caso la opinión de Santa Cruz Diario.

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