¿Por qué no cumplimos las normas de tráfico?

Por Esteban Paniagua


Durante el mes de mayo se celebran, tradicionalmente, las primeras comuniones de los niños y niñas que, durante dos años, se han preparado asistiendo a las clases de catequesis. El día de la celebración, con sus trajes especiales, la marcha hacía la iglesia, la celebración, recibir la Eucaristía, repartir los recordatorios entre los familiares y amigos y la comida con todos ellos, no lo olvidarán nunca. Todo es felicidad y alegría entre los protagonistas.

¿Dónde está el problema si es que hay alguno? Simplemente en que los sacerdotes, que han convivido con el grupo durante esos dos años, no terminan de comprender las razones por los que una mayoría de las niñas y niños que reciben la Primera Comunión, dejan de asistir a la misa al siguiente domingo. Parece que el objetivo único de la mayoría de las familias es la celebración, tanto religiosa como en el restaurante.

¿Y qué tiene esto que ver con la conducción de vehículos? Pues muy fácil: nos preparamos para sacar el carnet de conducir acudiendo a la autoescuela, donde aprenderemos el Código de Circulación y todas aquellas materias que afecten a la categoría del vehículo y a la clase que deseamos. Por supuesto también nos enseñan a llevar el vehículo. Cuando los profesores consideran preparados a sus alumnos los presentan a los exámenes y, en un porcentaje alto, aprueban y obtienen el carnet.

¿Dónde está el problema si es que hay alguno? Simplemente que desde que tenemos el carnet de conducir en nuestro poder y cogemos el coche, propio, de la familia o de algún amigo, dejamos de cumplir las normas que hemos aprendido en la autoescuela: los límites de velocidad se superan sin problema; los ceda el paso o los cruces con un stop no se respetan; los intermitentes ya no existen y el hablar por el teléfono móvil, mientras conducimos, es lo más natural. Y si alguien nos recrimina nuestro comportamiento nos encaramos con ellos, le echamos el coche o le retamos a pelearnos, algunas veces con resultados trágicos.

En la autoescuela nos hemos preparado para aprobar unos test y realizar un recorrido con el vehículo que un ingeniero de tráfico dará el aprobado si lo hacemos según las normas. Pero no nos han enseñado a conducir respetando las normas, respetando a los demás conductores y ser cívicos. Con el carnet en la cartera nos da igual todo y, si podemos, nos saltamos una cola o circulamos por el carril interior de una rotonda para abandonarla en la primera salida. Nos da todo igual.

El problema se agrava por el grado tan alto de impunidad que tienen todos esos incumplimientos del Código de Circulación al no estar los agentes de la Guardia Civil o de la Policía Local en el momento que se producen, surgiendo las discusiones e insultos entre los conductores. Tristemente parece que ganan siempre los más listos en saltarse las normas.

Desgraciadamente, esas discusiones de tráfico han terminado en demasiadas ocasiones en agresiones con resultados de muerte, (la última en fechas muy recientes perdiendo la vida un peatón de 81 años a causa de un puñetazo de un conductor al que recriminaba por la velocidad a la que circulaba), y el incumplimiento de las normas, tanto por conductores como por ciclistas, a dado como resultado la muerte de varios ciclistas.

Todo esto nos causa alarma e incluso indignación pero seguimos comportándonos igual en cuanto nos sentamos ante el volante. No aceptamos a los listos que no quieren ir nunca detrás ni a aquellos que siempre circulan por el carril izquierdo para meterse en el derecho, haya espacio o no.

Por ello es necesario que tengamos presente los siguientes consejos: Conduce siempre tu vehículo como si fuera el día que te examinaste y llevabas junto a ti al ingeniero de tráfico que te podía aprobar o suspender. Compórtate al volante de tu vehículo como si cada día estrenaras el coche. No eches la culpa de tus retrasos a los demás conductores. Cumple todas las normas cuando circules. Señala con los intermitentes siempre los cambios de carril o de calle. Olvídate del coche de atrás, te toque la pita o gesticule o te insulte y si tiene prisa facilitarle el que te adelante. Nunca discutas con los demás conductores. Nunca te piques con otro conductor. Piensa siempre en tus seres queridos que te esperan y nunca pierdas los nervios. Y ante cualquier signo de peligro o por haber sufrido algún accidente llamar siempre a la Policía o a la Guardia Civil.

Sabemos que el conducir, tanto por ciudad como por carretera, es una odisea que nos provoca muchas tensiones. De nosotros depende que esas tensiones nos afecten en nuestra vida o no. Personalmente pienso que no merecen la pena. Seamos cívicos y cumplamos las normas y seremos más felices, tanto dentro como fuera del vehículo.

Un comentario a "¿Por qué no cumplimos las normas de tráfico?"

  1. Carles   29 mayo, 2017 at 8:40 am

    En el artículo apunta que las autoescuelas no enseñan a respetar las normas, y tampoco civismo. Supongo que se refiere a la autoescuela que acudió el articulista o alguna conocida por él. Le aseguro que como responsable de un centro de formación de conductores, estos son dos pilares indispensables para una formación correcta, en los que trabajamos e incidimos para que los futuros conductores las incluyan en su actitud al volante.
    Otra cosa es, que una vez hecha la comunión, dejen de ir a misa…

    Responder

Dejar un comentario

No publicaremos tu e-mail.