Quiero ser tu mayordomo

Un hombre de 39 años de Santa Cruz se ofrece para servir gratis a quien lo desee

anuncio

A primera vista, el anuncio parece corresponder a alguien un pelín extraño con algún tipo de interés oculto. “Chico se ofrece a otro hombre como asistente doméstico y personal gratuito”. Ese es el texto aparecido en un anuncio de la sección de clasificados de un periódico de Santa Cruz de Tenerife el domingo pasado.

Rasgando un poco detrás de esas 12 palabras y un número de teléfono se esconde un hombre de 39 años llamado Carlos Mesa. Es profesor de instituto, sin problemas económicos, que rechaza que se piense en él como un friki cuando lo único que hace —señala— es ofrecerse de forma altruista a servir a otras personas, “sin más”. Por eso no entiende cómo puede sorprender que quiera trabajar gratis desempeñando esa clase de tareas. Aunque a continuación añade resignado que ni si quiera su familia ni amigos comprenden la razón por la que ha decidido lanzarse a la aventura de buscar a alguien que le permita cumplir su sueño servil.

Tras varios días, el éxito ha sido escaso: solo dos llamadas y ambas interesadas en un encuentro sexual

El del domingo fue su primer anuncio en prensa después de tratar de convencer a su entorno más cercano de que le concediera el deseo de entregarse plenamente a su vocación. Pero tras varios días, el éxito ha sido escaso: solo dos llamadas y ambas interesadas en un encuentro sexual (creyendo que se trataba de un anuncio que se había colado en la sección de empleo cuando debía haberse incluido en la de contactos). Pero no, dejó claro que lo que él desea es convertirse en un auténtico mayordomo.

Ya es jueves y aun espera descolgar el teléfono y que una voz le diga que quiere que le haga los recados, le recoja la casa, le coloque las zapatillas bajo la cama, le vaya a despertar con el desayuno, le abra las cortinas para que le entre la luz y cualquier otro menester del día a día doméstico. La idea es, en cualquier caso, empezar poco a poco: “En principio podría ir los fines de semana, así me voy probando y de paso voy conociendo a la persona y entablando amistad con ella”.

Carlos no tiene preferencias por nadie en especial. Está abierto a ponerse a disposición de cualquiera con una única condición: tiene que ser un hombre. Aclara que el motivo es que siente predilección por la figura masculina, más ligada a la tradicional del caballero o gentleman, y que no le atrae hacer este trabajo para una mujer.

Bien mirado, tal y como él mismo apunta, puede ser una forma de ir haciendo prácticas igual que las hace un becario en una empresa de cualquier otro ámbito profesional. Y es además una vía para formarse mucho más asequible que la de tener que trasladarse a alguna de las pocas escuelas que sobre este oficio existen en España, o incluso en el extranjero, “lo que me supondría un elevado coste económico”, explica.

Tiene tantas ganas de empezar que incluso se ofrece de mayordomo al periodista, o “alguno de tus amigos si tú no quieres”. El periodista le dice que no, que gracias, pero que con el artículo que escriba seguro que le surgen candidatos entre los lectores.

*Este artículo fue publicado en mayo de 2012

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